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EDUARDO MARTINET: “Hay una mística que uno siente del lugar donde nació”

MERCEDINOS POR EL MUNDO POR FERNANDO PACHIANI

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Eduardo Martinet tiene 55 años, casado con Alicia Piorno. Es piloto de avión. Hace casi 14 años que viven en San Carlos de Bariloche: “Este invierno fue particularmente atípico porque no se da todos los años que sea tan frío, haya tanta nieve, justo este año que es una temporada ideal para el que le gusta la actividad del cerro, el esquí, tenemos esta pandemia que nos dejó a todos parados”.

El desarraigo
“Yo viví en Mercedes hasta los 19 años en que terminé el colegio secundario y después me fui a Córdoba a iniciar mis estudios en la escuela de aviación militar, así que digamos que viví 18 años ininterrumpidos en Mercedes desde que nací. Luego me fui unos ochos años en que volví nuevamente a Mercedes ya casado con Alicia Piorno, mi actual esposa, y ahí vivimos nueve años más. Y después de eso en el 2004 ya nos fuimos definitivamente y no regresamos salvo de visita.
Nos fuimos inicialmente a San Martín de los Andes por mi trabajo que estaba en la fuerza aérea pues soy aviador de ella y después de un período de haber volado ya uno empieza a dejar el lugar a los que vienen de abajo. Mi profesión me llevó a ser jefe de aeropuertos y terminé en San Martín de los Andes como jefe del aeropuerto de ahí. Estuvimos 4 años y del aeropuerto de Chapelco fui para Bariloche a cumplir la misma función y desde ese entonces desde el 2007 que estamos viviendo en San Carlos de Bariloche.

Después de un tiempito de estar ahí se me presentó una oportunidad laboral en la aviación comercial en Aerolíneas Argentinas así que me retiré de la fuerza aérea y entré a volar en la empresa aérea estatal que todavía estoy ahí. En estos momentos estoy volando 737 y hacemos todo lo que es cabotaje y regional. Cubrimos vuelos desde Usuahia hasta La Habana, Cuba”.

Infancia y adolescencia en Mercedes
“Para los mercedinos que me recuerdan soy promoción’ 83 de la escuela industrial. Me crié en el barrio “del sapo” en la calle 24 entre 43 y 45; ahí viví hasta los 12 años momento en el cual fallece mi padre y de ahí en más nos mudamos con mi madre y mi hermana o sea tenía una familia muy chiquita. Mi familia secundaria sí con un montón de primos, tíos, que cada vez que vuelvo a Mercedes no te alcanzan los días para visitar a todos.

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Y amigos un montón que cuando cabe la oportunidad nos juntamos en un asado o en una reunión a recordar viejas anécdotas. Éramos vecinos con Pablo Keegan, el vecino más íntimo que estaba ahí casa de por medio, Daniel Ibaldis, ahora consejero escolar; éramos del barrio de jugar todos los días en el campito a la pelota, de volver a la tarde todos transpirados y llenos de tierra a la casa, cuando no había celular, no había nada, y salíamos con las bicicletas a andar por todos lados y nuestras madres estaban tranquilas porque no pasaba nada, era una belleza, agarrar la cañita de pescar e ir al arroyito de oro o al mismo parque a pescar mojarritas, muy sano realmente.

La escuela primaria la hice en el Colegio San Antonio que en un principio era solamente de mujeres y después se abrió, fue mixta, y yo fui la segunda promoción del colegio mixto en la primaria.

A la escuela íbamos caminando y muchas veces nos llevaba el papá de Daniel Guerra o sea que íbamos caminando hasta la casa de él que estaba a una cuadra y media y ahí subíamos a la camioneta de ellos y nos llevaban hasta la escuela. Y después cuando fuimos un poquito más grandes íbamos en bicicleta o caminando porque no era tan lejos, está todo cerca en Mercedes.

La secundaria la hice en el colegio industrial lo cual agradezco hasta el día de hoy haber ido a ese colegio porque te da tantas herramientas para la vida más allá de lo que elijas el día de mañana hacer con tu carrera, con tu profesión, o lo que sea, pero te ayuda en el vivir diario digamos o sea para arreglar tu casa o rebuscártelas de otra manera.

Ahí tuve como profesores a Rando, Lorusso, realmente fue una experiencia muy linda porque el colegio estaba muy bien equipado, tenía unos talleres maravillosos, parecía que ibas a una fábrica, tenías todas las áreas de electricidad, carpintería, tornería, herrería, y pasabas por todas las áreas que fue muy útil. Hacíamos motores eléctricos, reparábamos, fue muy bueno” – recuerda Eduardo.

La familia
“Estoy casado con Alicia Piorno, también mercedina; ella es veterinaria; mientras vivió en Mercedes tuvo mucho tiempo veterinaria en la 18 y 31, Veterinaria San Roque en su momento, y ahora sigue con su profesión pero no quiere tener más comercio porque te ata mucho a horarios y otras cuestiones que te resta libertad pero sigue con su profesión, es muy querida, muy buscada, un orgullo para mí y acompañarla y apoyarla en todo lo que hace.

Tenemos dos hijos; el más grande Pedro Antonio y la más chica Amparo que a lo largo de nuestras vidas los fuimos sacando de colegios, mudándonos, que en principio dijimos qué daño le vamos a hacer a estos chicos con tantos cambios pero veo que fue una herramienta desde lo social y además hoy en día se adaptan a cualquier situación que les toque vivir, eso creo que fue bueno, han ido a colegios privados, colegios públicos, donde conseguíamos lugar, llegabas a una ciudad y una de las cosas no era solo buscar vivienda sino colegio para los chicos y más de una vez nos mudamos a mitad de año y donde había lugar iban y después veíamos si se podían cambiar.

Pedro es cocinero de profesión, anda recorriendo el mundo, va, viene, hace temporada en distintos lugares, formándose, aprendiendo, una mente muy inquieta y creativa, me salieron dos hijos artistas porque Amparo hace excelentes dibujos, pinturas, y nosotros somos felices en ver que realmente hacen lo que eligieron.

Pedro nació en Villa Mercedes, San Luis, porque yo estaba destinado en Villa Reynolds, y cuando tenía un año nos fuimos a Mercedes nuevamente y ahí estando en Mercedes viene Amparo que nació en Capital Federal pero se crió en Mercedes. Nos fuimos de Mercedes cuando Pedro tenía 10 y 8 años Amparito.

Yo en Mercedes tengo a mi mamá Matilde Tassara que cumplió 82 años, gracias a Dios está muy bien; nos visitamos cuando podemos y no las veces que nos gustaría; tratamos de que venga para Bariloche también y que disfrute la época del mejor tiempo que es el verano y después tengo toda mi familia, primos, tíos, Merlino, Tassara, Horn, y de la parte de Alicia mis cuñados Donadío, Armengol, somos un montón, cuando nos juntamos somos una banda.

Tengo una sola hermana, Patricia, que vive en Madrid, mercedina, otro sobrino que vive en Berlín, tenemos gente por todos lados – dice Eduardo.

La decisión de ser piloto de aviación
“Ser piloto surge cuando tenía 12 o 13 años porque me inquietaba, me gustaba, me parecía algo diferente y raro o sea no tenía contacto directo con nadie que haga esa tarea y me llamó la atención mucho. Me encantaban los barriletes, la dinámica, me llamaba la atención todo eso. Y sumado a eso me gustaba una vida ordenada y entonces condicen la parte aérea con el orden y me planteé porque no ir a la escuela de aviación y ahí entré. Y realmente en la fuerza aérea tuve una experiencia muy linda, muy positiva, desde lo profesional, lo humano, me permitió realizar dos misiones con cascos azules de Naciones Unidas: una en Chipre yotra en Haití, son cosas que no se hubiesen dado en otro ámbito laboral, lo cual estoy agradecido a la vida por haber circulado por ahí.

Para ser piloto de avión lo podés hacer en la Aviación Militar que es solamente en Córdoba, y si no tenés la aviación comercial que arrancás en cualquier aeroclub del país donde empezás tu carrera. Primero hacés el curso de piloto privado y después vas incrementando tus estudios, tu experiencia en horas de vuelo y pasás a ser piloto comercial primero y después transporte de líneas aéreas que esas son todas las licencias dentro de la carrera aeronáutica y ya te permiten a partir de comercial volar realizando tareas como por ejemplo publicidad aérea, transporte de pasajeros o lo que fuere. O sea tenés dos vías para acceder a una carrera de aviación: la privada o la militar.

Los vuelos por el momento están muy restringidos sobretodo en cabotaje excepto vuelos que dependen del Ministerio de Salud para llevar insumos a Ushuaia, alguno a Rio Grande, pero no vemos la hora de comenzar de nuevo con la actividad. Por otro lado no dejamos de ser conscientes que es un medio que ya la humanidad lo adoptó para trasladarse. Se van a buscar protocolos para viajar seguros y a la espera de que se reactive todo nuevamente.

El avión es uno de los mejores inventos que hizo el hombre
“Gracias a Dios y toco madera, nunca he tenido una situación comprometida de pasar riesgo; la aviación tiene todo muy redundado, tenés sistemas duplicados, triplicados, lo cual apuntan a un standard de seguridad muy alto. Nunca se va a volar cuando hay alguna posibilidad de que algo falle, eso ni hablar, y si te sucede algo imprevisto, en vuelo está todo escrito y estudiado como para poder llevarla adelante.

En mi caso particular no he tenido ningún susto por suerte, si he tenido fallas menores pero nada para asustarse.
Las tormentas asustan- reconoce Eduardo y hay que evitarlas directamente, no hay que enfrentarlas, a la naturaleza no se la enfrenta; hay que adaptarse a lo que viene por parte de ella y evitarla; a una tormenta hoy en día los radares que vienen en los aviones son súper confiables entonces lo que tenés que hacer es no hacerte el valiente y cuando ves que tenés una posibilidad ínfima de complicarte con una tormenta hay que esquivarla, si tenés que rodearla y hacer cien millas de más se volarán cien millas pero para eso se prevé el vuelo antes de salir cómo va a venir la meteorología, cuáles son tus alternativas, y prevés el combustible, y todo lo necesario para esquivarlos. Lo ideal es pasar por arriba de la tormenta si la perfomance del avión te lo permite es ideal; desde arriba ves todos los rayos que hay abajo pero vos la pasas por arriba tranquilo, no hay problema.

¿Qué es la turbulencia?
“La turbulencia – explica el piloto – no es ni más ni menos que la masa de aire que se puede llegar a mover en distintos sentidos; puede estar asociado a un frente de tormenta, al relieve del terreno, por ejemplo cuando cruzás la cordillera ya sea yendo a Santiago de Chile o a Lima, Perú, siempre tenés posibilidades que te agarre turbulencias aunque no haya tormenta; esa turbulencia de tipo mecánica que se le llama; lo que hay que hacer es tratar de buscar los niveles de menor turbulencia y volarlo a una determinada velocidad que es la óptima en caso de entrar en una turbulencia cosa que los sacudones que te puede llegar a efectuar sean más elásticos y no tan violentos. No es lo mismo entrar a una zona de turbulencia con mucha velocidad que a una velocidad determinada, ni muy baja ni muy alta. Tiene que ser una velocidad standard que ya está especificado por el fabricante y por las operaciones de vuelo que afecta menos a la estructura del avión, confort del pasajero, y cómo lo detectás; a veces se puede detectar, otras veces no. Hay días que venís volando en aire claro sin ninguna nube y te agarra de pronto una turbulencia y esa no te la adelanta ni el radar ni nadie, entonces ahí está la experiencia también del piloto, de la profesión, de los años, de decir que está cambiando mucho la temperatura, está cambiando la presión, y datos asociados que los podés relacionar para poder llegar a tener una turbulencia. Entonces ahí reducís tu velocidad, pasás tranquilo, y el pasajero llega feliz y contento. El avión se mueve pero el avión no se cae o sea yo siempre lo comparo que es como ir en un camino de tierra con pozos, distinto de ir en una ruta divina y confortable, distinto de ir en un camino de tierra, de campo, lleno de pozos, y se va a mover pero no se va a caer, no se va a desarmar. No hay que tener miedo, hay que relajarse y disfrutar porque realmente es uno de los mejores inventos que hizo el hombre. La cantidad de miles y millones de operaciones que hay, el porcentaje de accidentes y es ínfimo.

La mística mercedina
Eduardo sostiene que: “hay una mística que uno siente del lugar donde nació; quizás no sea tu lugar en el mundo o no lo elijas para un futuro pero siempre queda ahí una energía que te mantiene agarrado. Me gusta que la gente que está en Mercedes escuche otras experiencias y para nosotros recordar un poco de dónde venimos siempre es bueno. Andando por todos lados es impresionante la cantidad de mercedinos que hay; en el lugar que menos te imaginás te encontrás con un mercedino. En La Pampa para cambiar un filtro el dueño de la agencia es mercedino; en el salar de Jujuy me encontré con unos mercedinos; en Bariloche mismo y “no puede ser que en todos lados haya mercedinos”, levantás una baldosa y sale un mercedino, somos inquietos y eso está bueno”.

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