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Kicillof, con un “dios aparte”, confía en que Petronas elija Bahía Blanca o nada

Publicado

Por Andrés Lavaselli

“Tuvo un Dios aparte”, con esa frase, que trasunta un dejo de humor pero que no contiene una gota de ironía, resumen en el entorno de Axel Kicillof el doble significado que atribuyen a sus encuentros con el Papa Francisco: la excusa perfecta para evitar el escenario de derrota en el Senado y, a la vez, un señalamiento que lo singulariza como referente nacional de la resistencia a las políticas libertarias. Mientras, en un plano más terrenal, el Gobernador activa la guerra por quedarse con la inversión más importante de la historia argentina y pulsea con Javier Milei para no tener que decidir qué obra pública finalmente se hace y cuál no.

La imagen de un Francisco sonriente que llegó el jueves por la mañana desde Roma certificó, en el preciso lenguaje de señas que suele utilizar Jorge Bergoglio, la disposición a entregar una foto que, sabía, iba a ser interpretada como una muestra de cercanía con Kicillof . Y, a la vez, de distancia con Milei, que en ese momento estaba por aterrizar en Italia para participar de la cumbre del G-7. La autorización al Gobernador para difundir que la charla giró sobre la situación social en Argentina tampoco es casual: hace juego con el creciente rol de la iglesia argentina en la oposición a las políticas ultra liberales del Presidente.

Un episodio que a simple vista puede resultar menor, tiene en la mirada de Gobernación una importancia singular: la segunda reunión de Francisco con Kicillof, el mismo jueves de la audiencia privada de la foto, pero por la tarde. “Los 40 minutos de la audiencia no se los permite a cualquier pero no son excepcionales. El llamado a una nueva charla, que además deja que se comunique, sí”, explican en La Plata. En esa lectura, el significado político reside allí: fue un modo de distinguir al Gobernador como un actor clave en la escena nacional de resistencia a eso que la doctrina social de la Iglesia desde hace décadas rechaza: el ultra liberalismo económico.

Hubo un personaje no tan visible pero clave en la articulación de la movida: el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del dicasterio (especie de ministerio del Estado vaticano) de la Doctrina de la Fe, antes conocido como Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición. “Tucho”, como lo apodan desde chico en por su admiración a un futbolista, estuvo reunido una hora y media con Kicillof entre un encuentro y otro con el Papa. La relación existe desde que Fernández fue arzobispo de La Plata y se transformó en lazarillo de Kicillof –un agnóstico de ascendencia judía practicante- en el intrincado mundo de la política católica.

Fernández le había dicho al Gobernador que tenía que visitar El Vaticano cuando Kicillof le expresó su pesar por la partida a Roma a instancias de Francisco. Ese fue el germen de la audiencia del jueves, que estaba está programada desde abril –con algunos ajustes del día en cuesitón- lo que descarta una coordinación con el tratamiento de la Ley Bases en el Senado. Sin embargo, la extensa reunión con Fernández y el bis con el Papa insinúan la intención de no dejar pasar la ocasión. La misa que el miércoles dirá en La Matanza el presidente del Episcopado, monseñor Oscar Ojea, rodeado de curas villeros, debería leerse en este marco.

Como un efecto secundario no buscado, la visita a El Vaticano libró a Kicillof de aparecer en un escenario de derrota: el Senado, que el miércoles –madrugada del jueves- aprobó la Ley Bases y el Paquete Fiscal. Para la provincia, el dato saliente es que así como está, ese combo no prevé fondos nuevos de origen nacional. En todo caso, Gobernación deberá confiar en la eliminación de los cambios que podría introducir Diputados. Sobre todo en la reposición de la cuarta categoría de Ganancias, por la que presionan los mandatarios de PRO, que vienen de fracasar en el intento compartido con Kicillof de que se coparticipe el impuesto al cheque o el País.

Como fuere, el contexto es de un segundo semestre de escases para el tesoro provincial. Por eso, tal como adelantó DIB el 11 de mayo, en junio Kicillof debió pausar los aumentos a estatales para poder asegurarse en pago del medio aguinaldo. Mientras, pulsea con Nación por el traspaso de la obra pública que ya aceptaron otras provincias. En Gobernación están resignados a que lo que ceda Milei llegará sin financiamiento. Por eso, saben que de las mil obras suspendidas solo podrán continuar algunas, más allá de que se mantenga que obliga a Nación a terminar las que hayan certificado el 80% de avance, que se introdujo en la Ley Bases. Por eso, en Calle 6 se concentran en no ser quienes apliquen el criterio de “priorización”. Es decir, quienes decidan qué obra sigue y cual no. Es la trampa política oculta: quien decide, paga el costo de una medida que elimina más de lo que conserva.

La mega obra
La activación de un lobby patagónico en torno del proyecto para construir una planta que permita exportar el gas de Vaca Muerta activó alertas amarillas en Provincia. El proyecto, una inversión inédita en Argentina de 50 mil millones de dólares, está a cargo de YPF, que se asoció con la petrolera malaya Petronas para llevarlo a cabo. Pero cuando era seguro que el lugar de instalación sería Bahía Blanca, el gobernador de Rio Negro, Alberto Weretilneck hizo trascender la posibilidad de optar por Punta Colorada, en su provincia. Lo ligó a los votos rionegrinos a favor de la Ley Bases y prometió eximir de tributos provinciales a la iniciativa.

El último avatar de esa envestida es el rumor de que podrían entrar, además de Petronas, otras empresas para financiar el proyecto. Tal vez se entienda mejor esa filtración contra un dato hasta hora inédito: el presidente y CEO puesto por Milei en YPF, Oscar Marin, le confirmó en una reunión con integrantes de la primera planta del gobierno bonaerense un dato que allí se manejaba previamente: los malayos avisaron que si la planta regasificadora no se hace en Bahía Blanca, ellos se retiran. Razones: la infraestructura ya desarrollada allí y la inversión que Petronas ya hizo para avanzar con la iniciativa.

Kicillof confía en esa señal al punto que no piensa otorgar las exenciones fiscales que promete Weretilnek para asegurarse la inversión. De hecho, el decreto que semanas atrás anunció su ministro de la Producción, Augusto Costa, para declarar de interés provincial la construcción de la planta, se inscribe en esta estrategia: un acordado después de un pedido explícito de Marin.

Es un proyecto de una dimensión tal que podría cambiar la ecuación de la principal traba que, según Cristina Fernández, tiene la economía argentina: la restricción externa. O la falta de dólares, para decirlo en lenguaje no técnico. “Con un RIGI a punto de aprobarse, el único capaz de trabarlo es Milei”, dicen en el entorno del Gobernador.

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