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La necesidad de acuerdos o el juego de la soga

Por Walter Anido (Especial para La Verdad Mercedes)

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Los últimos acontecimientos que se registraron con relación a los alimentos de la canasta básica y otros productos, más el reciente entendimiento con sectores de la industria farmacéutica por los medicamentos, deja en claro que cuando se suman las voluntades de los sectores que se sientan a dialogar en una mesa de negociaciones, los acuerdos son posibles. Nadie dice que resulta fácil, pues buena parte de esos sectores que deben acompañar una propuesta del estado en función del interés general, suelen oponerse de arranque como una natural postura antes de participar de las negociaciones. Sin embargo los acuerdos llegaron y los congelamientos comenzarán a regir por el término de 90 días, con los respectivos controles para la determinación si se cumple con la palabra o el acuerdo establecido.

Es oportuno recordar que con la industria alimenticia existieron empresas de capitales nacional, algo llamativo, que no estaban dispuestos a aceptar las premisas gubernamentales que no pretendían otra cosa que frenar la espiral ascendente de los valores de muchos productos. Pero siempre existen sectores dominantes que concentran buena parte de los mercados y se resisten a que le marquen la cancha. Confían en que los mercados se regulan por la libre competencia, sin embargo la realidad no refleja esa máxima que suele declamar el sector empresario. La experiencia con el tema precios para los alimentos, hasta después de las fiestas, busca que los consumidores, especialmente los que forman parte de sectores vulnerables y asalariados, eviten seguir perdiendo terreno en su poder adquisitivo respecto de los índices inflacionarios que no detienen su andar trepidante.

Y sirvió para entender que otros servicios o productos también son esenciales y requieren de una intervención del gobierno. Como en el caso anterior, los representantes de las cámaras industriales del sector salieron a defender otra vez la libre competencia y hasta asumieron el compromiso de respetar los índices de precios al consumidor para ajustar sus valores en el mostrador final que son las farmacias. Sin embargo fuentes estadísticas marcaban que esa posición contrastaba con la realidad. Mientras el IPC subía poco más del 50 por ciento los medicamentos de venta bajo receta se acercaban al 80 por ciento de suba. Afortunadamente hubo entendimiento y se sumaría otro congelamiento hasta el 7 de enero en este aspecto. Es un principio de acuerdo.

En el medio el ciudadano de a pie, víctima directa de estos desajustes. Ahora los medicamentos volverán a tener los precios que mostraban el 1 de noviembre. Las cámaras, de postura algo intransigente en el comienzo, mostraron disposición para retrotraer los precios de los medicamentos de prescripción de todos los segmentos al precio de venta al público. Está claro que cuando hay voluntad de partes, los acuerdos son posibles. Estas reuniones con diferentes sectores representan una buena señal en medio de una crisis social, política y económica. En pocos días habrá una nueva convocatoria electoral de cuyo resultado también se planteará un horizonte, que cualquiera fuese y mucho más en un escenario de derrota del oficialismo, demandará muchos de estos acuerdos.

Este gran acuerdo nacional que se plantea debe contemplar a todos los sectores, pero no es un hecho menor considerar quienes son los que estén dispuestos a sentarse a esas mesas de dialogo y quienes se rehúsen a hacerlo. Tal vez la experiencia con el sector alimenticio y el farmacéutico, pueda ser la punta de lanza para “orejear” que si se amplia la base de ese acuerdo hay quienes pueden quedar peleando con la sombra tan solo por actitudes mezquinas que afecten intereses ajenos y no propios. Puede que también parte de ese acuerdo se concrete por las vías institucionales como puede ser a través de las propias legislaturas, donde existen entendimientos internos que han permitido la sanción de leyes pero que en las tribunas mediáticas se escucharon batir otros parches. Es la Argentina la que reclama esos acuerdos, no solo un gobierno al que le quedan dos años de mandato por decisión de los ciudadanos. Garantizar la gobernabilidad es tarea de la totalidad de los sectores. Pero si se jala de la cuerda como en el juego, para librar una batalla que gana el que más tira y se defiende el que menos afloja, la tarea estará a muchos kilómetros de ser algo sencillo.

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