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MARTÍN RIVERO: “Mercedes representa la gente que llevo en el corazón”

Asistió al Colegio San Patricio, promoción 75. En el 81, se recibió de Ingeniero Naval. La vida y los trabajos lo llevaron por diferentes destinos del mundo. Hoy posee una consultora marítima para el mercado asegurador marítimo mundial con base en Panamá.

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Sus años en Mercedes
“Yo me recibí en el 75 en San Patricio-comienza a contar su historia Martín- y después me fui estudiar a Buenos Aires y volvía todos los fines de semana. Me recibí en el 81 de Ingeniero Naval, y después ya me fui, la vida me llevó por diferentes destinos.

Inicialmente nosotros vivíamos en la calle 26 entre 31 y 33 Nº 763, al lado de la familia Metro, y Citrángolo del otro lado, un barrio muy querido, tengo recuerdos muy lindos.

En esa época yo estaba en el primario en San Patricio, bueno, hice todo allí, desde jardín al secundario- dice. Obviamente tengo todos mis amigos de toda esa etapa, que los conservo; somos una promoción un poco diezmada, algunos ya no los tenemos, se fueron temprano, pero guardo recuerdos de todos ellos.

Después me mudé, a principio de los años setenta, a donde es ahora la casa de mi mamá, en la calle 27 entre 30 y 32. Viviendo ahí terminé el secundario, y después me fui de Mercedes.

Como señalé, soy promoción 75 del Colegio San Patricio. Tengo recuerdos muy lindos. De la zaranda de la vida quedan las cosas buenas. Tengo recuerdos fantásticos de todos: profesores, compañeros, el colegio, amigos, los curas.
Me acuerdo que vivía en Bahía Blanca, y me enteré de que había muerto el padre Queen de San Patricio, y en un congreso marítimo muy importante, una vez que viajé a Dublín, me propuse hacerme tiempo y espacio para ir a visitar su sitio, y lo pude hacer, y lo encontré, y fue algo muy interesante. Guardo recuerdos muy indos. Esa etapa del colegio te marca y te queda para toda la vida.

Con respecto a las materias te puedo decir que Lengua nunca fue lo mío, para los números, la física y la matemática soy más o menos apto, química también me gusta, pero idiomas, lenguaje, castellano, todo eso era terrible para mí, era un suplicio. Tuve a Fernando Casareto, muchos años, me acuerdo de él, una persona muy particular. Lo recuerdo bien a él, al Prof. Ricardo Tabossi, con mucho cariño, gente fantástica. Con los años le das una perspectiva distinta, que valoro mucho.

Amigos y familiares siguen por allá, tenía a mi mamá que falleció el 30 de septiembre del año pasado y obviamente quedaron mis hermanos, José Antonio, María Raquel y María Paula, que está en Buenos Aires, pero oscila entre Mercedes, vive un poco y un poco, y mi hermana menor que es María Cruz, a todos ellos les mando cariños y un afectuoso abrazo”.

“Yo quise ser ingeniero naval y no pude”
Acerca de por qué eligió estudiar ingeniería naval, nos cuenta: “Esas cosas raras que a veces pasan y que uno no tiene idea de porqué ocurren. Siempre me llamó la atención que mi padre, una vez allá por el 95, siendo él abogado, me dijo: “yo quise ser ingeniero naval y nunca pude”. Pero previo a eso, él jamás me había dicho nada. Hasta que yo un día le comuniqué: “quiero estudiar ingeniería naval”, porque me gustan los barcos, y él me confesó eso. No sé si estaba en el ADN o si este tipo de locuras son hereditarias, pero la verdad, creo que sí.

Es cierto que siempre me gustaron los barcos y tengo pasión por lo que hago, así que estoy muy contento de haber estudiado esto, porque me gusta mucho. Estudié en la Facultad de Ingeniería de la UBA. En los primeros tres años ves todas materias generales, física, matemática, las materias duras, y en los últimos 3 años uno hace la especialización.

Al principio yo me fui para Puerto Belgrano, en Bahía Blanca, porque tenía que hacer el Servicio Militar y bueno, qué mejor que trabajar con barcos, que era lo que me gustaba, pero no fue así. Yo había ido a pedir prórroga, iba todos los años con el papelito… así que lo hice de más grande al servicio. En esa época, las fuerzas armadas llamaban a concurso a profesionales, entonces yo me presenté. Me había tocado el número 514, es decir, tierra, ejército. En un momento, en el año 82, yo ya estaba incorporado a la armada como Teniente Fragata Ingeniero, y me llegó la citación del Regimiento 6 de Infantería de Mercedes para incorporarme al Servicio Militar Obligatorio.

Trabajos por el mundo
“Al principio me quedé mucho tiempo en Bahía Blanca, me casé, tuve mis hijos, y me quedé hasta el 99, estuvimos 6 años trabajando en el mantenimiento de la flota de la marina y después trabajando para compañías de seguro y demás, en el 94 y 95.

Luego me integré a una sociedad clasificadora de buques inglesa Lloyd´s Register y después de 4 o 5 años con ellos, me trasladaron en el año 2000 a Buenos Aires, ya que había más trabajo. Y estuve allá con ellos hasta el 2003.

Después me fui, en estos programas que hay para trabajos al exterior, a Corea, a los astilleros, a trabajar en la construcción y clasificación de buques. Allí estuve del 2004 hasta el 2007, y luego me fui a Shanghái, en China, hasta el 2009 que volví a Argentina, ya después me desvinculé de eso y seguí con mi labor profesional independiente, que es lo que hago ahora.

Hoy en día tenemos una consultora marítima, trabajamos para compañías de seguros, en general para el mercado asegurador marítimo mundial, básicamente Londres, Hamburgo, Noruega y Suecia y abrimos una operación acá en Panamá ya el año pasado, así que estamos intentando, después de esta pandemia, revivirlo un poco. Es complicado, pero bueno, nada, trabajo como todo el mundo, tenemos que salir a trabajar, a movernos, y sobre todo ahora que poquito a poco van abriendo los países y las fronteras. Hay que moverse y revitalizar el negocio, ponerlo nuevamente en marcha, que es lo que están haciendo casi todos.

Por su puesto que para que uno pueda desarrollar lo que le gusta es importante que la familia acompañe, por ejemplo mi mujer me acompañó siempre a todos lados, siempre fue fantástica en eso. Fuimos juntos a China y a Corea.

Cuando fuimos para allá, mis hijos estaban en la Universidad, así que decidimos que se queden, porque moverlos era más complicado por los estudios. Así que mis hijos se quedaron en Buenos Aires estudiando y nos fuimos con la menor, que terminó el secundario en Corea, fue a una Escuela Internacional Norteamericana. Se recibió allí y luego hizo su carrera de grado y de posgrado en EEUU, así que le vino bien por ese lado. Luego se casó y está viviendo en Madrid y tengo una nieta allá en Madrid, donde vive con su esposo español”-cuenta.

Resistir al tsunami
“Son esas experiencias que te quedan. Eso fue en el año 2004, el 26 de diciembre, a las 8:30 am, en Phuhet, Tailandia, en una playa-recuerda. Fue terrible, nos quedó a todos grabados. Como los dos varones habían viajado a Corea, pensamos pasar una navidad en Tailandia, y fuimos a Phi Phi Islands, unas islas muy bonitas, un lugar paradisíaco. Tiene resorts, esas cabañitas chiquititas separadas, cerca de la playa. Estuvimos ahí para la noche buena el 24, y el 25 teníamos pensado regresar a Phuket, que es la península de abajo en Tailandia, y no la isla.

Volvimos el 25 a la tarde, y al día siguiente, el 26 de diciembre, nos levantamos temprano y uno de mis hijos fue con mi mujer a comprar algo electrónico, y con mi hijo mayor y mi hija menor nos fuimos a la playa. Encontramos un lugar, nos apropiamos ahí y fuimos al mar. El día estaba fantástico, y nos metimos los tres al agua. Había botecitos “long take boats”, que son botes largos que tienen un motor y un eje largo, había varios flotando en el agua, y de golpe el agua empezó a retrotraerse.

Viste que cuando estás en el agua, entre ola y ola hay un flujo, y el agua retorna hacia el mar. Bueno, acá teníamos el agua por la cintura, y empezó a hacer ese reflujo, pero no paraba. El flujo era muy fuerte. Yo me dije esto es muy raro. Mi hijo tenía el agua hasta el pecho, él la pasó peor que yo, porque tuvo que hacer mucha fuerza para que no se lo chupe. Mucha gente fue chupada por ese flujo. Eso es lo que ocurre primeramente en un tsunami: en un minuto, 50 segundos, el agua de toda la playa desaparece completamente, quedó seca la pala, los pescaditos saltaban al lado nuestro. Yo decía… por Dios. Nosotros nos mirábamos, durante 30 o 40 segundos… uno pierde la noción del tiempo. Hasta que veo bien hacia adentro, y trato de enfocar la vista hacia el mar, y veo una cosa rara, muy rara. Se veía como un frente de agua, con mucha espuma, cosa muy difícil de entender, y les digo a mis hijos: “corramos de acá”. Y salimos corriendo. Ellos me sacaron obviamente 100 metros. Estábamos a 300 metros de la costanera, fuera de la playa. A ellos no los agarró porque llegaron ahí, antes. Vino una ola muy fuerte, a mí sí me agarró, y me dio unos buenos tumbos, quedé medio magullado, un poco golpeado, pero bueno, no perdí el conocimiento, nada. Así que pude llegar hasta la cinta costera que rodea la zona de boulevard que rodea las playas. Esa fue la primera ola que llegó hasta la altura del pavimento.

Después el agua bajó un poco, pero se quedó a cierta altura, y había remolinos, flujos contra reflujos, una cosa rarísima. Destruyó todo lo que estaba en la playa. Me encontré con mi señora y mi otro hijo, y nos quedamos mirando eso, cuando de golpe se escucharon algunos gritos por ahí, y miramos de nuevo al horizonte y venía otra pared de agua, igual o peor que la primera, que daba miedo, así que empezamos a correr. En Phuket, como es península, tenés montañas que suben rápido de la playa.

Los chicos corrieron rápido, y nosotros hicimos lo que pudimos, y nos agarró el agua otra vez, así que nos agarramos a una columna, y cuando el agua subía, como estábamos agarrados subíamos con el agua. Nos mantuvimos a flote.

Hubo muchas víctimas fatales, fue un desastre para Tailandia. Por suerte a nosotros no nos pasó nada. Estábamos en Karon Beach, que tiene como un cierto ángulo con respecto al frente de ola, y si bien la ola nos impactó, ese ángulo hizo que no rompiera sobre nosotros. En la playa de al lado fue un desastre, una catástrofe. Quedamos flotando a unos 15 o 18 metros de alto del nivel normal de la plaza, porque la segunda ola pasó el boulevard y siguió inundando hacia arriba. De hecho mientras estábamos agarrados a las columnas, pasaron botes por al lado nuestro, yendo hacia las colinas, en las calles. Fue complicado, pero gracias a Dios salimos de esa. Me marcó totalmente. Después de eso, teníamos una semana más, pero nos fuimos, dijimos cortemos por donde vinimos, mantengámonos unidos… Fue algo muy raro. Esas cosas que te pasan en la vida, que por suerte las podés contar”-concluye.

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