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ROCÍO LÓPEZ: “Cuando hablo de Mercedes siempre encuentro a alguien que conoce a un mercedino”

MERCEDINOS POR EL MUNDO POR FERNANDO PACHIANI

La Verdad Mercedes

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Joven arquitecta mercedina que lleva ya más de una década viviendo en Panamá junto a su esposo Emiliano Lafalla (platense) y sus hijos Justo Agustín (7) y Josefina Ema (4), ambos nacidos en Panamá. Se levantan muy temprano porque en “Panamá se vive de día” – dice. Como arquitecta trabaja en una empresa de administración de proyectos.

Mercedes y sus relaciones
“Yo nací en diciembre del 81 en el barrio Villa del Parque, un barrio muy querido para mí que todavía se conserva con sus calles de tierra y sus piedritas y sus zanjas. Mi papá es Oscar López y mi mamá Laura Zunino, arquitecta como yo; mi hermana Sofía que es más chica, pero las dos somos muy unidas porque somos como hijas únicas porque nos han criado como hijas únicas; una infancia muy linda, una crianza compartida; 14 primos, tíos y abuelos así que hermoso porque al final muchos primos y primas casi como hermanos con ese día a día de compartir desde los domingos hasta los cumpleaños hasta íbamos juntos a expresión corporal, a inglés, y al colegio que lo hice en Misericordia donde hice desde el jardín hasta secundario y siempre estuve metida en muchas cosas sociables más allá del colegio que éramos todas mujeres; siempre tuve bastante amigos de otros lados porque iba a inglés al Instituto San Agustín e hice voley en el cole e íbamos a jugar al polideportivo; intenté con hockey sobre césped en el club Quilmes, también tenis y así iba conociendo gente y sumando amigos y conocidos.

Las amigas me quedan y siempre están y cuando voy para allá obviamente nos encontramos. En el 2019 tuve la suerte de viajar para los 20 años de la promoción y fue algo muy lindo porque me reencontré con las chicas y también con un montón de gente que han compartido conmigo la promoción y la verdad que estuvo muy linda esa fiesta.

Mis compañeras fueron mi prima Flor Dimaro, Lorena Bernárdez, Luli Recalde, Agustina Álvarez que se fue a Chicago el año pasado así que estamos dos fuera del país, Marina Killmeate, Sofía Lagos, Andrea Albarracín.

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La tecnología nos acerca con la familia, con los amigos, también con las redes sociales uno comparte ese día a día de las personas que no están cerca físicamente que al fin y al cabo eso es lo que uno más necesita y más extrañamos o sea la familia, los amigos y ese compartir que es lo que no tiene reemplazo estando lejos”.

La formación universitaria
“En Mercedes no vivo hace 20 años prácticamente, a los 18 me fui a Buenos Aires a estudiar arquitectura en la UBA; viví con una amiga primero, después viví sola, después viví con mi hermana y ahí nos íbamos cambiando de departamento de Villa Crespo y terminamos en Palermo. Ahí fue la experiencia de la universidad que para mí fue una etapa maravillosa y tengo online a mis amigas de la facu con las que hablo muchísimo porque tenemos un grupo que compartimos todo, no solo hablamos de arquitectura sino cosas de crianza, maternidad. Para mí la etapa universitaria fue la independencia, el hecho de aprender a arreglártelas sola y en la UBA que es una universidad pública y con su increíble diversidad, te termina de abrir la cabeza por eso digo que para mí fue espectacular esa etapa, siempre digo que esa etapa me terminó de formar como persona y fue muy fuerte esa vivencia en Buenos Aires.

Allí viví diez años y comencé a trabajar en la mitad de la carrera aunque a mis papás mucho no les convencía, pero yo quería probar cuál era la realidad de la carrera y también tener mis ingresos para contar con mi propio dinero, así que trabajé en una pasantía rentada.

Recuerdo que un fin de semana fui a Mercedes y les mostré a mis papás mi currículum en la cocina; me miraron como diciendo: ¿vos vas a trabajar, vas a dejar todo? y yo les dije que se quedaran tranquilos, que iba a trabajar, que a lo sumo dejaría alguna materia pero que no me iba a atrasar y así fue. Entendía que ellos velaban por mi carrera para que yo termine”.

Las dificultades de la carrera
“Es verdad que la carrera de arquitectura es costosa, esos seis o siete años toda mi plata iba destinada a hacer maquetas y a plotear planos; trabajamos en autocad y tenés que tener una buena computadora y gracias que la universidad era pública donde no pagué ni un centavo. Pero la exigencia es muchísima por ejemplo no teníamos fines de semana porque la materia principal que es diseño era los lunes y jueves, entonces estaba obligada los sábados y domingos a estar pensando qué presentar el lunes. Por eso cuando terminé la carrera me di cuenta cómo disfrutaba los fines de semana.

Es un sacrificio enorme estar encerrada, “craneando”, pensando, haciendo maquetas, llega un momento que estás quemada porque pasa la madrugada y el pegamento que usábamos para pegar, que se te pega todo, era terrible.

Cuando no me salía la maqueta – confiesa – me ponía a llorar y mi mamá me consolaba, era bastante llorona en esa época pero siempre al frente tratando de remarla aunque me atrasé un poquito, me atrasé un año por empezar a trabajar pero lo hice más calmada con horarios a la noche, bajé un poco mi auto exigencia y la disfruté más te puedo decir y después inclusive cuando terminé fui docente como ayudante un año de la materia Diseño IV porque seguí adentro de la universidad porque me gusta mucho esa facultad o sea que me gustaría volver.

Mientras estudiaba me llamaron del Ministerio de Planificación en la Dirección de Arquitectura y ahí estuve bastante tiempo hasta terminar la carrera y fue muy interesante o sea fue la primera aproximación de mi carrera; después seguí cambiando de trabajos hasta que llegué al Hospital Italiano que me encantó y yo decía que vivía en el hospital, estuve cerca de dos años y me pagaban el posgrado de especialización de salud y lo tuve que dejar todo por venirnos a Panamá pero me quedaron los mejores recuerdos de ese hospital que le tengo mucho cariño porque viví adentro remodelando y construyendo salas y áreas nuevas de ese hospital que no para de crecer.

Destino Panamá
“En el año 2009 yo ya estaba conviviendo con Emiliano, mi novio en ese momento, mi actual esposo, estábamos en Buenos Aires; él trabajaba en gas natural y siempre estaba la posibilidad de que lo manden a España, de hecho si surgía la posibilidad de ir a España estábamos de acuerdo de hacer un proyecto en el exterior y probar; entonces una noche recibe un llamado de un colega diciéndole que había un puesto en Panamá para un economicista especializado en energía y petróleo y que lo querían entrevistar y era una oportunidad para él. Cortó y tenía una cara porque no se la había visto venir y cuando me contó yo le dije vamos, fue lo primero que le dije o sea enseguida porque me parecía una posibilidad buenísima porque veníamos hablando de esa posibilidad de probar afuera.

Fue una decisión que acarreó muchos sentimientos encontrados porque despegarse de la familia, de los amigos, renunciar con poco tiempo a un trabajo ya que en 15 días tenía que estar en Panamá.

Fue una movida terrible por lo emocional y empezar a vender cosas, vaciar el departamento, buscarlo quién lo alquile, vender el auto, todas esas cosas hubo que hacerlas en un período record, fue muy movilizante pero un proyecto bueno. Mi marido ya cambió varias veces de empresas pero sigue en el sector de proyectos de energía y toda esa parte que tiene auge hoy por hoy. Yo estuve cinco años gerenciando proyectos y me gustó mucho la experiencia y después trabajé independiente y ahora estoy en una empresa de administración de proyectos panameña”.

Un ambiente tropical
“Panamá como ciudad es la mezcla perfecta entre un pueblo y una ciudad capital, es una ciudad que ha ido creciendo espontáneamente, un poco caótica en cuanto al tránsito; muchos autos, pocas veredas, pero tiene eso del barrio, de la escala más chiquita y de pronto vez la mega torre, el edificio más alto, todo vidriado, que te parece que es una gran capital.

Tiene muchos contrastes y una mezcla que es balanceada y a veces no tanto. Pero a nosotros nos resulta muy amena la vida acá porque en cierta manera estamos a mano de todo. El edificio es muy familiar, los chicos tienen amigos con los que se encuentran a jugar; tienen esa vida de vecinos que a mí me encanta. Las bocinas, la contaminación y todo eso es a veces un poquito más incómodo pero los fines de semana se disfruta más y se escuchan más los pájaros y se ve más la naturaleza porque es una ciudad que en realidad fue construida en el medio de la selva.

Panamá no deja de ser un ambiente tropical, por ejemplo, una mañana yo estaba en el balcón y me apareció un bicho extraño colgado de las redes, como un avejorro amarillo con la panza plateada que brillaba y estaba como perdido buscando un árbol y sin embargo, estaba en mi balcón, pasan esas cosas porque estamos en medio de la selva.

La biblioteca naranja
“Me encanta el deporte y también hago yoga; pero sobretodo me encanta leer, desde siempre, desde que era chica, creo que mi primer libro fue “ Los ocho primos” de Louisa May Alcott que me lo dio mi mamá que me encontró leyendo libros de ella y me dijo: “no no, vamos a empezar a leer cosas para vos” y me dio “Mujercitas” de la misma autora y todos los libros que eran de ella y cuando me vine para Panamá no me traje los libros que tenía que eran bastantes entonces en diferentes viajes me los fui trayendo en la valija cada vez que iba que es un peso importante además de todos los que me compro cuando voy porque acá casi no hay entonces llegó un momento en que en el departamento donde vivimos había muchos nichos y había uno que estaba siempre desocupado y dije ahí va a ser mi biblioteca y antes que naciera Josefina me puse las pilas, me senté , me puse a diseñar para mí y me diseñé la biblioteca que tanto deseaba. Así que hice mi planito, mi replanteo, hablé con un carpintero y me la armé acá en casa; es con módulos pero tiene las medidas precisas para bastantes libros de arquitectura que tenía, para todas las novelas y con espacio para lo que viene; es blanca pero el fondo es naranja pues es mi color preferido y lo uso en todo. Las flores de mi casamiento fueron naranja pues a mí me encanta y siempre me acompaña. Es de una madera bien sólida, laqueada en color blanco. Y tengo todos mis libros ahí clasificados por autor y para mí es lo más importante pues me cuesta mucho que alguien la toque o que me saque un libro, como que la tengo bien controladita –agrega.

Todos saben de dónde soy
Rocío nos cuenta que Mercedes siempre está presente ya sea en su entorno laboral o social: “cuando le cuento a alguien de donde soy siempre encuentro a alguien que conoce a algún mercedino o ha estado o probó los salames o sea es un orgullo para mí. Hasta mis compañeros de trabajo, los panameños, saben que soy de Mercedes y han googleado Mercedes y saben dónde queda porque yo siempre repito de donde soy.

En cambio, Emiliano (su esposo) no tiene tanta pertenencia con La Plata porque nació ahí y después se fue a vivir a Bahía Blanca donde fue su infancia y adolescencia, después se fue a La Plata a estudiar y después a Buenos Aires donde lo conocí pero le encanta y tiene muchos recuerdos de Tolosa. Me ha mostrado fotos pero su mayor arraigo ha sido Bahía Blanca.

Los amigos de mi papá y mi mamá son como tíos para mí también y los hijos de ellos se han criado conmigo, hemos pasado vacaciones juntos así que tengo muchos recuerdos. Este espacio me ha movilizado mucho y motivado así que me siento más cerca de todos, de mis amigas de acá, las de Buenos Aires, mi familia y amigos en Mercedes, es muy emocionante, les mando saludos a todos, especiales a mi clan Z que es mi grupo de tíos y primos de la parte Zunino y especialmente a mi tía Beatriz que nos dejó en marzo lamentablemente pero donde quiera que esté sé que me está guiando – concluye Rocío.

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