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Triduo Pascual: Mons. Jorge Eduardo Scheinig presidió las celebraciones en Chivilcoy y Luján

El Jueves Santo de la Cena del Señor en la Parroquia San Cayetano de Chivilcoy, el Viernes Santo en la parroquia San Francisco de Asís y en la Unidad Penitenciaria n° 16 de Junín, y el sábado celebró la Vigilia Pascual en la Basílica de Luján.-

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En un pasaje de la homilía del jueves dijo que “Celebrar la Pascua para nosotros es el desafío de celebrarla hoy, como está nuestra vida, la vida de cada uno de nosotros, la vida de nuestras familias, la vida del mundo. Hoy nos levantamos a la mañana con esta noticia de que en la Argentina el 42% de los argentinos es pobre, 19.000.000 de personas y que 6 de cada 10 niños vive en estado de pobreza. Es muy fuerte pensar en esto. Es una cifra que duele, duele el alma, son personas que no tienen trabajo, que por tres generaciones no han tenido trabajo.

Esto lo vivimos también en ese contexto de pandemia. No salimos de la pandemia, muy por el contrario se agudiza y con la pandemia vienen los miedos, la angustia, el desconcierto. Estamos en un tiempo del mundo difícil. No es fácil vivir en este contexto social, económico, político, cultural. Se ha legislado una ley que para nosotros es muy seria, muy grave, una ley que dice que es posible matar vidas que no nacen y no van a nacer. ¿Cómo celebrar la Pascua en este contexto? ¿Qué es celebrar la Pascua en este contexto vital, existencial?

Comenzó expresando el Viernes Santo: “A este que está colgando de la Cruz, nosotros lo conocemos. Se llama Jesús, era de Nazaret. Durante un tiempo vivió oculto, en medio de su familia, de su vecindario y en un momento empezó a predicar, empezó a decir que Dios está, que el Reino está. En un momento en donde el pueblo vivía con mucha angustia, con mucho miedo, Él empezó a decir ¡No tengan miedo, Dios está!

Y empezó a decir quién era Dios. Dios es Padre, lleno de amor y misericordia. Ante la pregunta de la gente sobre por qué hablaba así de Dios, el Señor respondía: “Porque Yo lo conozco, Yo soy su Hijo”.

Y Jesús empezó a ser un hombre de una predicación muy atractiva, la gente lo escuchaba con admiración. Decía cosas muy lindas “Ustedes los pobres, sean felices, ustedes los misericordiosos, ustedes los que tienen hambre, sean felices. No amen solamente a los que los aman, sino también a los que los persiguen, recen por sus enemigos, pongan la otra mejilla, perdonen setenta veces siete”. Una predicación que llenaba la vida, otra forma de vida.

Además a esa predicación de Jesús la acompañaban gestos llamativos: hacía oír a los sordos, hablar a los mudos, ver a los ciegos, caminar a los paralíticos. ¡Qué interesante! Sordos, ciegos, mudos, paralíticos. Cualquiera de nosotros podría ser sordo, ciego, mudo, paralítico, porque aun viendo, podríamos no ver; aun escuchando, podríamos no escuchar, aun caminando, podríamos estar paralizados.»

Por último, en la Vigilia en la Basílica de Luján afirmó que «Un mundo en oscuridad corre el riesgo de ir haciendo un trabajo lento pero eficaz, que es oscurecer la vida de cada uno de nosotros. La oscuridad del mundo va oscureciendo el corazón, lo va enfriando. Y sin darnos cuenta, corremos el riesgo de hacer que nuestros deseos de vida se vayan secando, que perdamos nuestros sueños y nos acostumbremos a un mundo oscuro. La oscuridad del mundo tiene un impacto en cada uno de nosotros que no es menor.»

«Y personas con un corazón sin sueños, sin deseos, enfriado, corremos el riesgo que sea un mundo con poco futuro. Si dejamos que la oscuridad tome nuestros corazones, el riesgo es que el mundo no tenga mucho camino para delante o quede en manos de gente poderosa e inescrupulosa, que se aprovecha de los pueblos que pierden los sueños.»

«Lo que estamos celebrando hoy acá no es un mero rito. Estamos celebrando que hay Alguien que quiere encender la vida de cada uno de nosotros, que quiere romper toda posible oscuridad, para que volvamos a desear otra cosa para la vida, otro mundo, para que volvamos a soñar.»

«Hoy Francisco, nuestro Papa invitaba a volver a recomenzar en Galilea. Todos podemos volver a recomenzar en nuestras casas, en nuestros barrios, en nuestros trabajos. Pero no solos, sino Con Jesucristo vivo a nuestro lado, en nuestro corazón. Hay que volver a recomenzar. Hay que volver a hacer el movimiento de Jesús. Deberíamos recomenzar haciendo un gran movimiento de Jesús vivo, no muerto. Vivo donde estamos viviendo.»

«Los invito en esta noche santa a hacer este acto de confianza en Jesucristo. La tumba está vacía. El Señor Resucitó. Hay uno que superó la muerte, para Él y para nosotros. Nosotros creemos que la Vida es más que la muerte. Esa es nuestra esperanza y a eso apostamos. Pidámosle al Señor que nos llene de su vida y su esperanza»

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