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ANA MARÍA CARACOHE: “Quien no perdió la identidad no sabe lo que significa volver a las entrañas de la madre y al cariño del padre que fue negado”

Hacía más de tres años que no concedía una entrevista a un medio local. Desde Brasil, Ana María nos cuenta sobre su vida en Mercedes, los años difíciles y su incansable lucha por los derechos humanos. “Me voy a morir con los mismos valores de mi juventud”- afirma. El pasado 30 de enero perdió a su compañero de toda la vida Juan Oscar “Rana” Gatica, esposo y padre valiente que luchó por su familia y contra el terrorismo de estado, a quien le rendimos homenaje a través de esta sección.

La Verdad Mercedes

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Los años en Mercedes
“Estuve 40 años viviendo en Mercedes- comienza Ana María- nací en Mercedes y la mayoría del tiempo viví en la calle 17 entre 28 y 30 cerca del Colegio Nacional. Fui a estudiar al Colegio San Antonio y después pasé para al Colegio Misericordia; ahí me recibí de maestra y después hice un curso en el Instituto del Profesorado Ciudad de Mercedes de profesora de matemáticas y cosmografía y trabajé 11 años en el aula dando matemáticas. Esa fue la vida en Mercedes. Recuerdo algunos compañeros como por ejemplo Graciela Pardo que fue mi amiga desde quinto grado hasta que falleció y actualmente yo tengo relación con Ana Paulina España que vive en el gran Buenos Aires. Cuando yo voy a Argentina siempre estamos en contacto y tengo muchos amigos en Mercedes que siempre me reciben con mucho cariño. La última vez que fui a Mercedes fue en diciembre de 2018.

En la ciudad me quedó mi sobrino Sebastián Caracoche, una prima mía Mabel Spinelli, y las hijas de ella que viven ahí. Después mis sobrinos Caracoche están todos en Bariloche y Córdoba, donde vive también mi cuñada, Virginia Altube. Tengo otras primas Cristina y Mabel, que son primas hermanas pero no viven en Mercedes.

Yo trabajé la mayor parte de mi tiempo en Jáuregui en el Instituto Inmaculada Concepción y en Mercedes trabajé en el Instituto Padre Ansaldo como profesora de geografía un tiempo”.

Su esposo Juan Oscar creció en calle 47 entre 10 y 12 y también fue vecino del barrio de La Trocha junto a sus padres y sus hermanos. Uno de ellos, Carlos Martín, también fue desaparecido por el terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico-militar.

Provincia NET
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Su historia en primera persona
“Conté mi historia de vida muchas veces porque yo creo que esa historia no debe ser guardada, que la juventud debe entender la historia para no repetir el sufrimiento de un pueblo. A mi marido lo conocí en mi casa por cuestiones de militancia porque mi hermano Martín Caracoche era un militante de primer orden, cuestiones de la vida y de la historia. Sintetizar es muy difícil en pocas palabras porque son muchos años y voy a empezar por fechas porque es lo más fácil.
Entonces en 1970 se reunió el Concilio de Jóvenes donde los jóvenes eran artífices de su propio destino entonces de ahí en adelante la conciencia de una participación política fue en aumento y llegando a 1976 cuando me casé con Oscar Gatica en 1975 y en febrero de 1976 nace María Eugenia en Bahía Blanca y estábamos allí por cuestiones de seguridad nosotros tuvimos que pasar por otros lugares por decisión política. En el mismo año pero en diciembre nace Felipe y los dos se llevan diez meses. Con dos chicos chiquitos de ahí vamos a vivir a La Plata y el 16 de marzo de 1977 desaparecen María Eugenia con el Turco Abdala y Susana Falabella de Abdala de la casa que estaba al lado de mi casa y un mes después, el 19 de abril desaparezco yo con Felipe de 4 meses.

Fui presa desaparecida en el campo de concentración “La Cacha” que estaba en La Plata; después de un mes fui liberada y hasta 1980 pasé a clandestina porque era la vida en primer lugar y decidimos pasar a Brasil para poder denunciar la desaparición de los chicos María Eugenia y Felipe.

También fui llevada al “Pozo de Banfield” porque me quebraron el brazo y era como una atención a mi salud como era ese procedimiento en ese momento y en esa circunstancia. En el mismo momento me secuestran junto con Felipe pero después me separan de él. Esa desaparición fue una situación límite para cualquier persona porque la cuestión de la muerte, la cuestión de la tortura, solamente quién está sufriendo y viviendo eso puede hacerse una idea de lo que es; lo estoy contando para ustedes pero lo que uno siente es tan interno que es difícil ponerlo en palabras y en explicar cómo esa política de aniquilar personas fue hecha en Argentina en aquel tiempo.

Información yo no tenía porque los chicos eran bebés entonces ellos estaban detrás de la figura de mi esposo, Oscar Gatica. Después de un mes detenida me largan en una calle de La Plata y ahí voy buscando las posibilidades de tener un espacio más seguro entonces conseguí ir a casa de parientes que me ayudaron y pasando por distintos lugares para vivir en 1980 en Brasil.

Acá tuvimos la posibilidad de hacer las denuncias que se hacían en Argentina por la familia de Oscar que siempre fueron a buscar a los chicos y las Abuelas de Plaza de Mayo que ya estaban organizadas. Aquí en Brasil nosotros conseguimos encontrarnos con las abuelas después de 1980 y hacer las denuncias con más efectividad a los órganos internacionales.
Después de un tiempo de lucha continua con esa cuestión de la búsqueda nosotros junto con las Abuelas de Plaza de Mayo conseguimos la restitución de María Eugenia y Felipe Martín a su legítima familia Gatica Caracoche. Felipe fue desaparecido en 1977 y restituido en septiembre de 1984 y nos encontramos cuando Felipe tenía 8 años. Felipe fue entregado por los represores a una vecina. Esta mujer buscó para el niño una familia con la que vivió durante siete años hasta su localización en agosto de 1984. Felipe había sido inscripto como hijo propio.

María Eugenia fue desaparecida en el 77 y restituida el 18 de septiembre de 1985 con 9 años de edad. Ella también había sido inscripta como hija propia por el comisario Rodolfo Oscar Silva y su esposa Armanda Elisabeth Colard.
Nosotros tuvimos otros dos hijos: María Paz, argentina, y Juan Manuel, brasilero, entonces yo tengo 3 hijos argentinos y uno brasilero y siete nietos todos brasileros. Nosotros tenemos un lema en las Abuelas de Plaza de Mayo que dice “Memoria, Familia y Libertad”, quien no tiene la identidad clara pierde la familia, la libertad y la memoria”- señala.

La restitución
“Aquello fue un plan de aniquilación de las familias por la dictadura cívico militar eclesiástica, entonces ese plan era orquestado de tal forma que hasta hoy hay hijos de desaparecidos que están buscando su identidad en las Abuelas de plaza de mayo. Quien no perdió la identidad no sabe lo que significa volver a las entrañas de la madre y al cariño del padre que fue negado y mentido durante todos esos años en que ellos estuvieron con otra familia y que se repone en el momento de la restitución.

Nosotros jamás le preguntamos a los chicos cómo era la vida, qué es lo que hacían o no hacían; ellos fueron incluidos por los hermanos, por nosotros, por los parientes, por las abuelas, todos en una naturalidad que hoy al fin estudios científicos, psicológicos, psiquiátricos, pueden entender lo que significa la identidad.La inclusión de estos chicos en la familia fue completamente diferente, sea por el cariño, por el amor, con que ellos fueron engendrados, eso es muy importante. María Eugenia y Felipe están aquí en Brasil”.

Su trabajo en Brasil
“Al principio en este país para mantenernos vendíamos empanadas durante cuatro años, después nosotros nos articulamos con la prefectura, naturalización, todo ese proceso, entonces trabajé desde 1992 en la Municipalidad de Victoria que es la capital de Espírito Santo donde yo sigo.

Trabajé en el servicio social con un trabajo en la calle con niños, niñas y adolescentes de la calle con un aprendizaje importantísimo.

En 1996 ingresé en la Secretaría de Estado de la Justicia y ahí me ocupé de todo el sistema penitenciario de Espírito Santo que tiene muchas cárceles; ahí era coordinadora del núcleo de derechos humanos de la secretaría y el objetivo era humanizar el tratamiento de los agentes del presidio con los presos. Atendía a las familias, viajaba por todo el estado para visitar los presidios para ver en qué condiciones estaban y fui profesora en la Escuela Penitenciaria siguiendo una política de derechos humanos todo el tiempo que estuve en la secretaría. Ahí trabajé como 19 años y esa marca quedó para quién lo supo aprovechar en el entendimiento de lo que significa la dignidad de la persona humana en ese preso; igual tiene dignidad humana y no se entiende de un día para el otro, es muy difícil de entender, por eso no se defiende tanto la dignidad humana en esta sociedad que vivimos.

Algunos proyectos continuaron; cuando cambia el secretario, cambia la política, entonces en algunos momentos fue mayor y en otros momentos menor la interferencia de los secretarios en el cuidado de los presos”.

La actualidad
“Recuerdo que “con Amalia Guaragna integré el Coro Polifónico Ciudad de Mercedes y en la universidad hay un módulo de música donde voy a cantar, un coral pequeño y canto en portugués.

En 2015 me jubilé, de ahí para adelante empecé a buscar actividades que me hicieran bien y pudiera brindar mi experiencia entonces, hoy por hoy, soy militante del Centro de los Derechos Humanos de Terra que es el municipio donde yo vivo. También soy militante de la pastoral de la persona anciana a partir de los 60 años y las vamos a visitar a las personas que tienen dificultad de locomoción, que están en la cama, que están en un estado bien difícil de convivir con la soledad perteneciente a la iglesia católica, y soy representante en un consejo de la defensa de los derechos humanos de la persona anciana que es bien democrático con participación de la sociedad civil y del estado y tiene articulación con los consejos municipales.

Estoy muy contenta de hacer lo que hago porque desde joven aprendí que cada uno es artífice de su propio destino y cada uno es capaz de ser feliz a pesar de todo, procurar como cada uno es feliz.

Estoy agradecida de Brasil porque me dio solidaridad cuando yo la necesité entonces todos los amigos de aquí son del alma, no son por casualidad. Para ser una mujer mucho mejor de lo que era me sirvió entender mi misión, cuál era mi utopía y me voy a morir con los mismos valores de mi juventud, tener una espiritualidad muy profunda porque sin espiritualidad no conseguimos resolver muchos de los problemas que tenemos todos los días porque hoy en día todo el mundo tiene problemas pero para enfrentarlos hay que intentar ser feliz, inventar una forma de minimizar los problemas”- concluye el reportaje cantando a capella “La memoria” de León Gieco.

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