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El difícil arte de decir No

Por Walter Anido (Especial para La Verdad Mercedes)

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Resultaría tal vez mucho más interesante que este artículo lo escribiera un psicólogo. Seguramente podría explicar mejor lo que quiero transmitir. De hecho se ha preparado en tal sentido. Pero asumiendo el riesgo de ser inexacto trataré de argumentar toda cuestión desde lo conceptual. Unas pocas líneas para ir al grano. Que mejor que hacer una pregunta en voz alta. ¿Sabemos cuidar a quienes queremos? Es posible que en muchas ocasiones lo hagamos correctamente y en otras tantas no. Seré más específico. ¿Supimos cuidar a Diego Armando Maradona? Las respuestas serán variadas. Pero como esta es mi columna daré la mía.

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Tras la congoja que nos provocó su fallecimiento me dispuse como tarea periodística, explorar lo sucedido en aquella causa que se ventiló en los Tribunales de Mercedes cuando Diego provocó lesiones a trabajadores de prensa en una finca de Moreno. Ya volveré a ese punto. Pero como un paréntesis abierto leo las distintas crónicas sobre la salud del astro, las responsabilidades de los profesionales y las decisiones que el ex futbolista tomaba. En el campo de la psicología se analizan estas cuestiones de aprender a decir No. Es un problema que muchos tenemos. A veces no sabemos cómo hacerlo. Generalmente sucede que no nos animamos, esencialmente por la reacción que esa negativa puede provocar en el otro. Decir No puede generar enfado en alguien cercano, en alguien querido. Entonces como no estamos preparados para soportar ese enojo no ponemos el límite que corresponde, sabiendo que ese No puede ser más nocivo para alguien que la permisividad ingenua de evitar una reacción no deseada. Cierro el paréntesis.

En las charlas sucesivas que mantuve con algunos funcionarios judiciales sobre el caso de Maradona allá por febrero del 94, recogí distintas manifestaciones que me permiten considerar que en aquella ocasión no supieron decirle No. No supieron o no quisieron ponerle límites. Me comentaba quien era Secretario del Juzgado que llevaba la causa que el propio abogado defensor de Maradona, el Dr. Moreno Ocampo, supo plantearle esta cuestión. Se refirió en más de una oportunidad a las dificultades que suponía ponerle coto a algunas conductas del ex futbolista. Después vino una charla con uno de los fiscales que participó del caso, quien me decía que había observado una visión más paternalista que judicial en la sustanciación del expediente. Maradona hacía muchas veces por no decir todas, lo que se le venía en gana. Y resultaba extremadamente difícil decirle No. Ni siquiera se animó el ex dictador de Libia, Muamar el Gadafi, cuando según comentó su ex representante Guillermo Coppola, Diego le pidió su túnica.

En Moreno, hace más de dos décadas, Maradona también hizo lo que se le vino en gana. El asedio a su vida privada era permanente, pero no justifica la reacción. Claro que eso puede entenderse en el frío análisis de los hechos y no en el apasionamiento que nos genera. Molesto por las guardias periodísticas decidió apuntar su rifle contra quienes estaban del otro lado de la reja. La historia terminó con una sentencia condenatoria blanda y en suspenso. Me queda la sensación que el mensaje que se estaba dando no era ni más ni menos que podía hacer lo que tenía ganas sin mayores consecuencias. Por caso y al pasar, apenas se le había concedido el beneficio excarcelatorio con el consecuente aviso de sus movimientos, apareció en Cuba junto a Fidel Castro. Habrá pensado Maradona que como era quien era no iba a tener consecuencias su desacato. Y acá ya podrían sumarse a los psicólogos del principio los entendidos en Derecho. Porque podrían ser ellos los que discurran sobre los alcances de la aplicación de la ley. Un punto a favor de esa causa es que no se consideró procedente la aplicación de la suspensión del juicio a prueba, pues entonces Maradona podría haber resuelto aquel error con un partido a beneficio o algo por el estilo. Admitir la Probation hubiese significado el final de ese expediente. Dicen que la Justicia es ciega, pero también que por algún lado espía.

Entonces vuelvo a preguntarme si no se animaron a decirle No a Maradona, a hacerle entender que hay cosas que no pueden ni deben hacerse y que hacerlas tiene sus consecuencias que van más allá de poder pagar un buen estudio jurídico. Tengo la sensación o tal vez la certeza, que Diego Armando Maradona se equivocó aquel día en Trujuy. Pero me invade la misma sensación de yerro para quienes temieron a las reacciones de propios y ajenos a la hora de establecer un límite claro y ejemplificador. ¿Será que Maradona vivió siempre así? Está más o menos claro. Aunque no resulta menos cierto que buena parte de la sociedad ha contribuido a que sus conductas hayan estado exentas de mayores reproches.

Foto ilustrativa: Clarín

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