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El Papa tras su operación: “Ni se me pasó por la cabeza renunciar”

Francisco es entrevistado por Carlos Herrera en Radio COPE. Por primera vez habla de su intervención médica y también de Afghanistan, China, eutanasia, reforma de la Curia, Buenos Aires, Borges, San Lorenzo.-

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Por CARLOS HERRERA

Bueno, le debo preguntar en primer lugar, Santo Padre, ¿cómo se encuentra?
Todavía vivo. [Risas]
Su operación reciente, que fue una operación de envergadura, nos dejó una cierta preocupación…
Y sí, estas cosas que nacen de los divertículos… y qué sé yo… por ahí se deforman, se necrosan… pero gracias a Dios fue tomada a tiempo, y ya me ve.
Tengo entendido, además, que la acción de un enfermero fue la que le señaló, la que le alertó en primer lugar.
¡Me salvó la vida! Me dijo: “Usted tiene que operarse”. Había otras opiniones: “No, que con antibiótico…” y él me explicó muy bien. Es enfermero de acá, del servicio sanitario nuestro, del hospital del Vaticano. Hace treinta años que está aquí, un hombre de mucha experiencia. Es la segunda vez en la vida que un enfermero me salva la vida.
¿Cuándo fue la primera?
La primera vez fue en el año 57, cuando pensaban que era una gripe, una epidemia de esas de gripe en el seminario, y me curaba el enfermero del seminario con aspirina. Y para los otros iba bien, pero conmigo no andaba y me llevaron al hospital, y me sacaron agua del pulmón. El médico dijo, no me acuerdo cuánto, digamos un millón de unidades de penicilina y tantas de estreptomicina –eran los únicos antibióticos de la época—y, cuando se fue, la enfermera dijo: “El doble”.
¿Y eso le salvó?
Sí. Porque si no, no hubiera…
Uno de los… no diré de los secretos mejor guardados del Vaticano, pero una de las cuestiones que tradicionalmente más interesa es la salud del Papa.
Sí, evidentemente.
No ha habido ninguna sorpresa, estaba todo programado…
Estaba todo programado y se avisó… Después del Ángelus me fui directamente, eso sería casi a la una, y se avisó a las 15.30h, cuando ya estaba en los preliminares.
Usted ha dicho, Santidad, que “mala hierba nunca muere”…
Así es, así es, y eso vale para mí también, vale para todos.
¿Los medios [sic] le han prohibido algo, hay algún ultimátum? ¿Hay algo que Su Santidad no pueda hacer y a lo que no esté dispuesto?
No entiendo.
¿Algo le han prohibido los médicos?
PF: ¡Ah, los médicos! Perdón, le había entendido “los medios”.
[Risas] Bueno, los medios ya sabe que también tienen tentaciones. Pero los médicos en este caso.
Ahora puedo comer de todo, cosa que antes con los divertículos no se podía. Puedo comer de todo. Todavía tengo las medicinas posoperatorias, porque el cerebro tiene que registrar que tiene 33 centímetros menos de intestino. Y todo me lo maneja el cerebro, el cerebro maneja todo nuestro cuerpo, y le lleva tiempo registrarlo. Pero vida normal, llevo una vida totalmente normal.
Siempre que un Papa está enfermo corre brisa o huracán de cónclave. [Risas]

Siempre me ha llamado la atención su relación con el escritor Jorge Luis Borges. ¿Por qué le hacía tanto caso a ese joven jesuita?
Yo no sé por qué. Yo me acerqué a él porque era muy amigo de su secretaria. Y después una simpatía… Yo no era cura cuando lo conocí. Tendría 25 o 26 años cuando le conocí, y enseñaba en Santa Fe como jesuita, en esos tres años que enseñamos en colegio los jesuitas, y le invité a venir a hablar a mis alumnos de Literatura. Y vino, y tuvo su curso… Yo no sé por qué. Pero era un hombre muy bueno. Muy bueno.
No ha vuelto a ver San Lorenzo porque no quiere ver la televisión desde hace años…
Sí. Yo hice una promesa el 16 de julio de 1990. Sentí que el Señor me pedía eso, porque estábamos en comunidad viendo una cosa que terminó chabacana, desagradable, mal. Yo quedé mal. Era un 15 de julio a la noche. Y al día siguiente, en la oración, le prometí al Señor no verla. Evidentemente, cuando asume un presidente lo veo, cuando hay un accidente aéreo, lo veo, esas cosas… pero no soy adicto a ello.
No ha visto la Copa América, por ejemplo.
No. Para nada.

¿Cómo combate la nostalgia el Papa francisco, quién le cocina los palitos de anís o lo que desayunaba siempre en La Puerto Rico?
La nostalgia mía trato que no sea de tipo melancólico, otoñal, aunque una cosa linda del otoño argentino, de Buenos Aires, eran los días nublados, de mucha niebla, donde no se veía a diez metros desde la ventana, y yo escuchando a Piazzola. Eso sí un poco lo extraño, pero Roma tiene sus días de niebla también. Nostalgia, no. Ganas de ir de una parroquia a otra caminando, sí; pero nostalgia, no.

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