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LUIS BRUNETTI: “Cuando la visito hago lo mejor que se hace en Mercedes que es comer todo el día”

Se fue a Brasil junto a un amigo, casi como una aventura. Hoy hace 35 años que vive en el vecino país. En este tiempo algunas cosas cambiaron: mutó la “s” final de su nombre en “z”; dejó de ser hincha de River para convertirse en un flaminguista integrante de la torcida organizada, pero siguen intactas su pasión por la selección argentina y por su Mercedes natal.

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MERCEDINOS POR EL MUNDO POR FERNANDO PACHIANI

De la plaza del hospital a Brasil
Luis que ya mezcla más palabras en portugués que en español en su relato, nos cuenta cuál fue el motivo de su viaje a Brasil: “No hubo un motivo muy especial, la verdad fue una cosa de aventura, una cosa de salir para el mundo, para andar. Yo tenía de amigo al querido y recordado “Loco” Lemos. Era un ser muy especial y entonces el “loco” ya conocía Brasil, y un día estábamos ahí en la plaza del hospital conversando y me dijo: te querés venir, vamos, porque yo conozco un hombre allá que tiene un bar, un argentino, nos vamos para allá y vamos a andar, vamos a pasear – me dijo y esas cosas del mundo, esas ganas de salir, de andar, y decidí venir a Brasil con él. En ese entonces tenía 23 años. En un día o dos nos vinimos sin preparar mucho, sin pensar mucho, sin estructurar nada, esas cosas de nuestra generación bien aventurera digamos”.

Atrás Mercedes
Como cuando uno viaja en tren y ve alejarse la estación de la que partió, Luis dejaba atrás Mercedes: “Allá me quedaba la familia, mis hermanos, los amigos, toda la vida que yo tenía ahí hasta ese entonces. Tengo 3 hermanos, una hermana Susana, el más grande, Miguel y Daniel, el más chico.

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Mi papá ya había fallecido y que daba mi mamá y salí por el mundo. Mis hermanos viven en Mercedes y me visitaron acá en Brasil varias veces. Mamá también falleció en el 1986. Cuando me vine al año siguiente falleció.

Soy del barrio de la 39 y 12, barrio del Club Defensores, o sea el barrio del sapo si mal no recuerdo, e hice la primaria en la escuela 7. Nací ahí, me crié ahí, un montón de amigos. Inclusive gente como Melía, Schiaffini, mucha gente que eran del Club Defensores. Jugué en Defensores en la primera en la liga porque nací en el Defensores, como yo digo, me crié ahí.
También tengo grandes y lindos recuerdos de mi paso por la escuela N° 7, compañeros como por ejemplo Sergio Martínez, Silvia Mihura, Claudio Colombo, Marcelo Esquivel, entre otros.

Después de la primaria fui a hacer el secundario al Colegio Industrial pero dos años nada más y salí, me fui. Dejé industrial y me fui a trabajar. Primero trabajé en un taller cerca de casa que era el taller de Petrosini. Trabajé un tiempo, después hice el nocturno en el Colegio Nacional sin acordarme el nombre pero un nocturno para adulto y luego fui a trabajar a la fábrica San Martín dos o tres años y después me vine para acá. Es corta mi trayectoria ahí, es más larga aquí en Brasil.

La vida en Brasil
“Vivo a 4 cuadras de la playa porque estoy en Victoria, Espíritu Santo, que es un estado como allá son provincias, la región sudeste y está después de Río de Janeiro y antes de Bahía. Es un estado relativamente chico, tiene unos cuatro millones de habitantes. Victoria, la capital, es un lugar maravilloso, una isla, un lugar lindo, mucha playa, el clima muy lindo, muy agradable.
Cuando yo llegué acá nos quedamos sin el “loco” Lemos, se fue muy rápido, al mes y medio, le agarró la loca y se fue. Para ese tiempo yo había empezado a andar de novio con quien es mi esposa, estoy casado desde hace 34 años y cuando el “loco” se fue yo seguí mi vida solo acá.

Y la primera cosa que hice por increíble que parezca, jugaba al fútbol en un club que se llamado Río Branco, jugué un año más o menos, pero jugaba muy mal. Después cuando decidimos casarnos con Luisa, después de un año de novios, me fui a trabajar al hotel Porto Du Sol como recepcionista unos dos o tres años más o menos, una época muy linda, muy bella, era el hotel más grande en Victoria; ahí empecé la vida. Luego salí del hotel y me fui a trabajar a una concesionaria de automóviles.

Siempre trabajé en el rubro de ventas, con público, y empecé a trabajar con automóviles mucho tiempo, muchos años, pero la experiencia de metalúrgico nunca la puse en práctica acá.

Yo tenía una agencia de autos hasta hace seis meses atrás y antes que llegara la pandemia quedé como propietario aunque trabajé en varias concesionarias, Chevrolet, Ford y después abrí la mía. Y después de un tiempo, vendí la concesionaria de autos y me fui a trabajar con mi hijo mayor que tiene una fábrica de jugos naturales que provee a grandes cadenas de supermercados, bares y restaurantes.”

La familia y la alegría brasilera
“Vivo con mi mujer, Luisa. Tenemos tres hijos: Rafael, que tiene 33 años, el más grande; luego nació Felipe que tiene 31 y el más chico, Juan Pablo de 20 años que está estudiando ingeniería química y vive con nosotros. Los otros dos ya están casados, también tengo una nieta que se llama Clarita de 5 años.

Siempre digo que después de tantos años, ya más de 35 que vivo acá, me quedó mucho la alegría del brasilero, acá la vida es muy alegre, todo eso lo vivo aquí todos los días, con la familia, con los amigos que la vida me dio también por acá; mucha gente buena, una experiencia muy linda.

Siempre me ayudó mucho esa cosa de conversar, de no tener timidez para hablar, para presentarme. Jamás pensé en esta historia de vida pero siempre estuve convencido que es la mano de Dios la que nos conduce; es la mano de Dios que va cruzando los caminos, nos conduce, porque conocí a Luisa que es la persona de quién me enamoré, nos pusimos de novios y construimos una familia linda. Haber conocido a ella cambió toda la trayectoria de mi vida porque podría haber ido por otro lugar, haber seguido otro camino. Todo es cuando Dios nos coloca en algún lugar especial, específico. Y yo digo que fue así, nos encontramos, nos empezamos a enamorar, nos pusimos de novios, nos casamos, y estamos juntos hasta hoy.

Ahora soy Luiz con zeta. Brasil es un lugar maravilloso, es encantador, muy bonito para vivir; las personas son muy buenas, muy abiertas, muy comunicativas; yo siempre fui muy bien recibido acá; la familia de mi esposa me cuidó como si fuera un hijo, siempre me cuidaron mucho, estuvieron junto conmigo, yo digo que el problema es venir para Brasil porque después no te querés ir más. Es muy acogedor, muy lindo. El clima es bueno, la comida es buena, la gente es buena, los lugares son maravillosos, la naturaleza aquí es algo espléndido”.

Sus recuerdos
“La última vez que estuvimos en Mercedes con Luisa fue en 2018 si mal no recuerdo. En ese año habíamos ido a Buenos Aires con los hermanos de ella, a pasear y pasamos por Mercedes, pero antes de eso ya habíamos ido unas dos o tres veces.

Me gusta mucho. Cuando visito Mercedes voy a la casa de mis hermanos, algunos amigos, y hago lo mejor que se hace en Mercedes que es comer todo el día. Me gusta el parque que es un lugar que me trae recuerdos; la canchita de Defensores, atrás de la escuela industrial había un lugar que nos juntábamos los chicos a jugar al fútbol. Mercedes es muy linda. Me trae muy buenos recuerdos.

Quién estuvo acá en Brasil, visitándome hace muchos años fue Ariel Caputo que no vive más en Mercedes, creo que vive en Madariaga, el “Bocha Picolomini” vino con él también, eso fue en el 86, 87. Después solamente vinieron familiares.
Siempre Mercedes está en el corazón, yo voy a ser mercedino siempre. Si Dios quiere dentro de dos años después que esto pase y se calme voy a ir a Mercedes”.

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