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MIGUEL ANGEL “SEMILLA” DAGNINO: “En Mercedes están mis amigos entrañables”

Hace casi ya 40 años que vive en Neuquén pero Mercedes sigue siendo la ciudad de las grandes amistades y donde comenzó su pasión por el teatro desde muy chico en un ya desaparecido grupo vocacional. Empleado de YPF, hoy en retiro, dice estar viviendo una luna de miel en su vida.

La Verdad Mercedes

Publicado

MERCEDINOS POR EL MUNDO POR FERNANDO PACHIANI

Los primeros años
“Yo vivía en la avenida 17 cerca del colegio San Patricio donde hice la primaria y secundaria, en las calles 17 y 14 aproximadamente; después nos mudamos con mis padres a la calle 28, pero gran parte de la primaria en San Patricio la hice viviendo en la Av. 17. Recuerdo, cuando volvíamos a casa caminando desde el colegio, hacíamos una caminata de vuelta que serían 10 cuadras, era inolvidable porque hacíamos travesuras con gatos que pasaban por ahí, con la gente. Esas caminatas eran hermosas, no quería llegar nunca a mi casa porque realmente las disfrutaba tanto; en general todo el periodo primario y secundario en San Patricio para mí fue una fiesta, la disfruté.

Soy de la gloriosa promoción’ 74. Salvo por este contexto en que está todo complicado, yo tengo asistencia perfecta a las reuniones en Mercedes con los compañeros de promoción.

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A veces cuesta ir, pero vos fijate lo que uno llega a hacer por los amigos. Yo salía (y lo voy a seguir haciendo), los viernes a la tardecita noche de acá, de Cipoletti, porque me queda más cerca, y llegaba el sábado a la mañana o al mediodía a Mercedes y ahí el “Conejo” Altube, al que le mando un gran abrazo, me pasaba a buscar y ahí íbamos al asado en la casa de Marcelo Pietrafesa o sino en algún otro boliche o algún restaurante. Pues eso imagínate era todo una bacanal porque empezaba tipo 12 del mediodía y terminaba a las 8 o 10 de la noche, con lo cual en el estado en que me encontraba, al otro día, el domingo, tipo seis o siete de la tarde, el “Conejo” otra vez me llevaba a la ruta a tomar el micro, porque viajar en colectivo era lo que más me convenía.

Entonces llegaba de vuelta a Cipoletti el lunes a las 7 u 8 de la mañana y de ahí directamente a trabajar.
Por suerte también algunos amigos me han venido a visitar a Neuquén como el “Mono” Daniel Sánchez o el “Yegua” Rodolfo Tillet” – recuerda.

El “semilla” de Mercedes
“El mote de “semilla” lo heredé de mi padre – confiesa. Para los más memoriosos mi viejo, Luis, trabajaba en la Farmacia Central y la Perfumería Grami y a él le decían “semilla” porque era chiquito, bajito como yo y por ese motivo a mí me trasladaron también el mote de “semilla”.

Siempre para mis compañeros de colegio fui “semilla” y de la época de la secundaria de San Patricio tengo los mejores recuerdos de alumnos y de profesores como por ejemplo Casaretto, Iribarren, muchos profesores como la “petisa” Rodríguez, a la cual recuerdo con mucho afecto, y “Cachito” Milanesi, entre otros.

Hay muchos profesores que han dejado una impronta y cuando nos encontramos con los compañeros surgen de nuevo esas viejas anécdotas de nuestra adolescencia. Yo creo que eso es lo que me mantiene “atado” siempre a la promoción 74, porque pasan los años pero en esos encuentros que hacemos somos todos los chicos de esa época, por decirlo así nadie es abogado, contador o lo que sea. Son recuerdos que afloran y tienen que ver con el corazón, con los sentimientos y sobre todo los valores.

Recuerdo por ejemplo que en el baile de la promoción, como los que se hacían antes, no tenía con quién entrar por la pasarela, sinceramente con las mujeres yo no tenía onda, era muy tímido, todos los chicos me decían que no salía nunca. Y así en el baile de egresados con una chica tenía que entrar, era la lógica; necesitaba una pareja; además estaban todos mirando el momento de la entrada al baile en la alfombra roja pero entonces yo estaba con esa duda. Surgió que una chica, que no recuerdo el nombre, estaba también sin pareja y así fue que entramos juntos.
Después que terminé el secundario, en el año 75, me fui a estudiar ingeniería a la Universidad de Buenos Aires. El 23 de febrero de 1982 a las 20:45 horas me recibí con una materia que en la jerga estudiantil le decíamos “Orga”, Organización de la producción.

Los primeros años y perdón para los más jóvenes, nosotros enviábamos cartas papel solicitando trabajo; 100 cartas mandé. Mientras aguardaba alguna respuesta, daba clases pero era tan caradura que no daba clases sólo de química o de matemática que era lo que más hace a mi carrera sino de lenguaje, de inglés o de literatura”.

El sur
“Finalmente el trabajo llegó” – cuenta “Semilla”. Primero empecé trabajando en una empresa que se llama Petroquímica General Mosconi, en realidad hice una beca y en él mientras tanto, es algo que muchos de mis hermanos no lo sepan, seguramente no lo saben, dentro de esos lugares yo buscaba organismos públicos, empresas para buscar trabajo; en un momento había visto una empresa que no te sé decir el nombre pero tenía que ver algo con el tratamiento de agua y voy a hacer la cola, como se solía hacer para entregar mis antecedentes y mi currículum y me pongo a hablar con una señora que me pregunta si soy ingeniero y me dice que su hermano trabaja en YPF y se trataba del ingeniero que contrataba personal. Gracias a él ingresé al ámbito del petróleo en YPF donde estuve 37 años trabajando.

Yo siempre me acuerdo porque el hermano de esta señora me entrevistó en la oficina de Diagonal Norte y Esmeralda que estaba ahí. A la vez lógicamente había que dar un examen de ingreso porque era un grado muy codiciado; lo pude dar después y pude aprobar e ingresé ahí ya en marzo de 1983, o sea 37 años que estuve ahí. Para mi alegría el 31 de julio del año pasado me retiré de la empresa. Tengo 63 años y tengo que cumplir los 65, ara jubilarme, pero como la empresa tiene un plan de retiro muy conveniente, acepté y espero hasta noviembre del 2021 que cumplo los 65 para jubilarme definitivamente.

Yo, al principio, vivía en capital en Parque Centenario; tengo mujer y tres hijos, los dos más grandes viven en La Plata y Micaela vive con nosotros que estudia medicina en la Universidad del Comahue. Cuatro veces vinimos al sur, a Neuquén más precisamente para convencerla y yo le decía: mirá la calidad de vida, menos gente, menos ruido, menos de todo y más calidad de vida; así que luego de esas cuatro veces mi mujer se convenció del traslado que me proponía la empresa”.

El teatro, su gran pasión
El tiempo libre le ha significado reencontrarse consigo mismo y su gran pasión, el teatro, vocación que nació cuando él era muy chico acá en Mercedes: “Estoy de luna de miel – dice, estoy en mi luna de miel, no lo puedo creer después de 37 años. Yo creo que es importante el reinventarse y obviamente como cualquier ser humano, no te voy a decir que todos los días uno está pum para arriba; a veces uno se plantea cuando terminara el día, pero en estos dos últimos años había tomado una decisión muy importante y que viene también relacionada con el retiro que es mi gran vocación: hacer teatro.

Así entonces yo ya había empezado a dedicarle cada vez más tiempo a este aspecto de mi vida, así que ahora este tiempo lo aproveché por un lado, para terminar de escribir mi primera obra de teatro y después de algunas presentaciones por streaming que hicimos, tenemos algunos otros proyectos. Escribí una obra de teatro que estrenamos el 14 de marzo y la repetimos, el 15 hicimos la segunda función y ya el 16 empezó la cuarentena así que extrañando poder volver a un escenario, porque digamos hay actividades que pueden ser reemplazadas con el streaming pero el teatro convive con el espectador, el actor y el escenario; eso es porque se genera una atmósfera muy particular y yo quiero decirte que siempre el actor, por decir así, diga “hola” que siempre va a decir “hola” de la misma manera porque es una repetición, pero nunca una función teatral es igual a otra y se extraña, y también se construye uno como persona y trata de crecer para el momento del reto teatral.

Parafraseando con mi apodo así nace la semillita del teatro- recuerda, mi tío Jorge Daniel, fallecido, mis primos, mi hermana, hacían teatro en el grupo vocacional de teatro Studio; en esa época había tres teatros vocacionales: Talía, el otro era La Barca y el otro Studio; ahí yo mamé las bases del teatro independiente y me acuerdo que estaba Alejandro Gallino, Oscar Tissier Duarte, Aldo Merialdo, entre otros; no me acuerdo si había un director en particular y quién dirigía las obras. Yo debuté con “Jettatore” una obra típica de Gregorio de Laferrere, en ese entonces ese grupo se ocupaba desde la escenografía hasta las luces, hasta actuar, hacíamos todo.

Por eso con el paso de los años es muy importante reconocer todo lo que han podido hacer nuestros padres y valorar la separación personal de ellos para crecer, para conocerse a uno mismo y para saber qué quiere uno de la vida, insisto, sin perder el rumbo al amor” – concluye.

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