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MÓNICA MEHAUDY: “Vivo en lo que es para mí un segundo Mercedes”

MERCEDINOS POR EL MUNDO POR FERNANDO PACHIANI

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Mónica es odontóloga, especializada en Odontopediatría y directora de la Clínica dental CPS Natural. Hace más de 30 años que vive en España, tiene una hija Natalia (37) que es publicista y también vive cerca de Madrid. A ella le gusta todo lo relacionado con la salud, charlar con sus amigos y con su hija Natalia.

Su mayor preocupación es el bienestar del paciente y la atención de la familia. Ha investigado en el campo de la psicología y desarrollado técnicas de juego para la atención de sus pacientes niños. Además, es especialista en odontología Comunitaria y ha sido la responsable en la Comunidad de Madrid del programa bucodental. Ella es la autora y responsable de los folletos que les dan a los niños en el cole con consejos para la salud bucodental, como cepillarse, etc.

Su segundo Mercedes
Mónica hace 30 años ya que vive en España y cuando se refiere a su lugar de residencia dice: “Colmenar Viejo está a 30 kilómetros de Madrid capital, más o menos como si fuera Mercedes de Luján; es una ciudad pequeña en la sierra; un segundo Mercedes porque tenemos la misma cantidad de habitantes y es una ciudad también amigable donde la gente te conoce y te saluda, yo busqué un segundo Mercedes obviamente. La gente aquí en España es gente muy alegre, muy comunicativa, muy fiestera, muy de reunirse, muy de estar en la calle, muy de abrazarte, de estar cercana, por eso la pandemia ha partido no solo la salud de las personas sino también ha provocado una fisura enorme en la vida normal de la gente”

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Por qué España?
“Las decisiones personales fueron muchas, difíciles de contar –aclara Mónica. Fue en el año 90, a raíz de una mezcla de cuestiones personales, económicas y también un poco el deseo de iniciar cosas nuevas. Yo mantenía una relación con la universidad de aquí, siempre me invitaban a venir, y en ese momento me interesó mucho la salud pública y entonces justo la universidad complutense iniciaba unos cursos, una maestría en salud pública y me apunté. En ese momento no tenía decidido si me iba a quedar o me iba a volver; de hecho yo trabajaba en el hospital y pedí una excedencia pues no sabía si me iba a quedar o no en España.

De todas formas éste es un lugar maravilloso para vivir, es como una segunda casa para nosotros, no te sientes extraño, la gente te acoge muy bien, te adopta. Mirá -cuenta – lo primero que hice fue alquilar un departamento y a los 15 o 20 minutos alguien me tocó el timbre y me dijo yo soy tu vecina, necesitas algo, todavía no me habían dado la luz porque era un alquiler nuevo y me pasó un cable. Y eso no es todo – agrega, mi hija Natalia era pequeñita y al rato cuatro o cinco niños vinieron diciendo nos dijeron que aquí hay una niña y la invitaron a jugar; es un ambiente bastante fácil para adaptarse.

Yo primero viví en Madrid que es una capital diferente a Buenos Aires, como si fuera un pueblo grande, o sea la gente es muy cercana, en el barrio es como si fueran pueblitos, en la tienda de al lado te conocen, vas a la cafetería y al tercer día te dicen sé que te gusta el café de esta manera, Madrid es una ciudad muy tranquila”.

Su trabajo en salud
“Yo entré en este programa de salud pública y el primer trabajo fue para el ayuntamiento de Madrid de epidemiología en ese momento que era averiguar cuántas caries tenían los niños de Madrid. Trabajé un tiempo en salud pública y luego me dediqué a la actividad privada que también me encanta y me dio muchas satisfacciones.

La odontología ya venía cambiando antes de la pandemia y ahora más aún. El protocolo para la atención de un paciente es enorme y de hecho yo estuve participando en forma personal en unos seminarios internacionales de protocolo con la Universidad de Buján, con Nápoles, Washington, Brasil, Argentina y España para ponernos de acuerdo en el protocolo; atendemos muy poquita gente, uno por hora o más; cuando llegan disfrazamos al paciente y a nosotros mismos, entonces es una dinámica totalmente diferente; hay que tener mucha tranquilidad; mi mejor experiencia la estoy teniendo con los niños pequeños porque ellos están más habituados a esto de las clases on line y son los que están sobre informados y a los que menos noto con temor”.

Merece la pena contar lo siguiente nos dice Mónica: “las consultas odontológicas tuvieron una adaptación muy fuerte cuando en los años 80 apareció el SIDA; esto hizo transformar fuertemente las consultas dentales, entonces nosotros estamos muy acostumbrados a tratar con los barbijos como le llaman en Argentina pues acá le decimos mascarillas, a partir de ahí hicimos una gran reforma de la consulta respecto a la esterilidad de todo el instrumental, a la protección nuestra y del paciente, con las mascarillas, los guantes, antivirales, las autoclaves para la esterilización del instrumental, y curiosamente para los odontólogos, si bien es cierto que ahora tuvimos que incluir una cantidad de otros protocolos, que son la esterilización de las superficies, los suelos, las paredes, cubrirles el calzado a los pacientes, trabajar con una pantalla, que seguro habrás visto, no nos costó tanto trabajo, fue más bien una cuestión económica.

Tuvimos que hacer una gran inversión en trajes, equipos de esterilización, ambiental, etc., que en sí lo que tuvimos que aprender. En cambio, curiosamente, para el resto de los sanitaristas, incluidos los médicos, los enfermeros, les costó más verse de esa manera y adquirir todas estas precauciones”.

Mercedes siempre presente
Si bien hace ya más de 30 años que Mónica vive en España vuelve a Mercedes todos los años pues como ella misma lo define: Mercedes es su lugar en el mundo.

“Mercedes me encanta; yo tengo toda mi familia allí y mis amigas de la Escuela Normal Superior Justo José de Urquiza con las cuales estoy en permanente contacto a través de la tecnología hoy en día como por ejemplo Carmen Ungaro, Nora Puricelli, Mabel García que vive en Moquehuá, Mabel Cagnone, Inés Ghione, Edith Mosca, Liliana Hernández, Florencia Camele, Ana Inés Mahiques, Estela Palleros, Emilce Mangoni, ellas son la banda de normal a las que quiero tanto.

Y la verdad que Mercedes me encanta; de hecho no soy la única mercedina que está en Madrid y nos solemos reunir aquí los mercedinos y una cosa muy característica es cuando nos preguntan de dónde somos nosotros, no decimos de Argentina, decimos de Mercedes.

Yo voy casi todos los años y me encanta volver siempre, siempre. Es una ciudad que me gusta; la gente me encanta. Te pasa algo curioso cuando estás afuera y te lo habrán contado otros de los mercedinos que andamos por el mundo y es que a medida que pasa el tiempo, también la nostalgia es grande y es como uno recuerda su ciudad, su infancia o adolescencia de otra manera.

Yo como tengo esta ventaja de poder volver y mantener los lazos, caminar por esas calles, sentarme en las plazas, ir al parque a la fiesta de la torta frita, tengo una nostalgia diferente.

Extraño mucho Mercedes pero es cierto que me gusta mucho este lugar también, el estar en la sierra de Madrid ver en primavera los prados verdes llenos de amapolas, una preciosidad”.

Lo que no extraña según nos confesó son las tranquilas siestas mercedinas que cambió por las siestas de Colmenar Viejo como muchos de los españoles.

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