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Nadia Gazzotti: “Lo recibís como un llamado de Dios”

“Tratamos de transmitir la alegría de ser hijos de Dios, ayudamos a que todos descubran que somos amados infinitamente por Dios incondicionalmente”, manifestó.

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Por Redacción Grupo La Verdad

En muchos lugares de América, y especialmente en Argentina, se celebra cada 21 de agosto el Día del Catequista, por recordarse a San Pío X que fue Papa entre 1903 y 1914. Este Pontífice introdujo grandes reformas en la liturgia católica y facilitó la participación del pueblo en la celebración de la Misa. Fomentó también que los niños pudieran tomar la comunión a temprana edad, y para que pudieran prepararse convenientemente promovió el surgimiento de catequistas.

En diálogo con La Verdad, Nadia Gazzotti, que además de ser catequista en la Parroquia Cristo Redentor de Junín, es madre de dos hijos, Nicolás y Fiamma, y también empresaria, ya que tiene la concesión del Hotel Avenida, nos compartió su experiencia como catequista.

Catequista
Nadia comenzó contando que “un catequista es una persona que luego de haber tenido un encuentro con Dios, es decir, haberlo reconocido obrando en algún momento de su vida, tiene la necesidad de hacerlo conocer a los demás. Los catequistas, tratamos de transmitir la alegría de ser hijos de Dios, ayudamos a que todos descubran que somos amados infinitamente por Dios incondicionalmente, porque estamos seguros que reconociendo ese amor que Él nos tiene, podemos descubrirnos a nosotros mismos y en esa respuesta de amor hacia Dios y hacia los demás (todas las personas), encontramos la felicidad plena, que tanto busca la gente, por distintos caminos y no encuentra”.

La tarea
Consultada sobre cómo llegó a ser catequista, relató que “me lo pidió el sacerdote de mi parroquia, casi siempre pasa así. Cuando la gente que trabaja en la pastoral de una parroquia o a veces el mismo cura te ven que frecuentas la iglesia, que tenés interés por Dios, es como si se les activara un detector de «posible catequista» y te invitan. La realidad es que nunca estás preparada para ser catequista, pero lo recibís como un llamado de Dios, y Él te va asistiendo”.

“Me gusta saber que estoy trabajando para Dios. Sentirme instrumento de Él es una felicidad inexplicable. Y sin tener en cuenta la recompensa de Dios que siempre es desbordante en gracia. Realmente me recompensa el ciento por uno. Otra es la devolución bellísima que se recibe en los encuentros, el cariño recibido de los niños, sus experiencias, son cosas que te llenan el alma, como también ver el proceso que van realizando los jóvenes y adultos mientras le van encontrando el sentido a la vida. Otra cosa que me encanta, es la comunión (común unión) entre las catequistas. Es como si nos conociéramos desde siempre, quizás no sabes el nombre, edad o de que ciudad es, pero si te dice que es catequista, ya sabes todo de ella, como que hablás un mismo idioma: el del Amor de Dios”, manifestó.

Para finalizar, expresó a La Verdad que “para ser catequista solo tenés que querer hacerlo. Se necesita amor y querer poner ese amor al servicio de Dios y el prójimo. Nada más. Los pasos a seguir serían: manifestar al sacerdote de la parroquia a dónde vas, tu deseo de ser catequista, él hablará con las coordinadoras, entre todos evaluarán con que grupo podrás desarrollar mejor tus dones, y te asignarán el trabajo junto a una catequista con experiencia, para que vayas aprendiendo la tarea. Cuando te sientas más preparada, te darán a cargo un grupo propio. Igualmente, lo más hermoso es trabajar de a dos”.

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